Bruja — Capitulo 1

Andrés H.
6 min readJul 11, 2023
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— ¿Paula? Es hora de despertar

Pero ella continúa soñando. Aún no la llaman bruja, pero sus vívidos sueños no la van a abandonar, ni siquiera cuando escape de mundos en llamas, de cazadores incansables y el dolor de una vida perdida. Sueña que puede volar, que sus brazos son alas negras, es un cuervo, será un cuervo. Pero hoy, es solo una niña, y el anciano que se sienta a un costado de su cama a esperar a que despierte, empieza a impacientarse.

— ¿Paula?

Algunos gruñidos emergen de bajo la blanca cobija.

— Arriba, el día está perfecto para caminar. Hoy nos toca botánica

Significa flores.

Lentamente de las cobijas emerge la pequeña Paula, brillantes ojos negros y un cabello rojo que sera comparado con brazas ardientes, erupciones volcanicas y atardeceres de otoño.

El viejo sonríe. Sus cabellos perfectamente blancos y su sonrisa cándida, la esperan para comenzar el día. Paula se sacudirá el resto de la noche, los sueños inconclusos, las plumas de cuervo. Compartirá junto a Antonidas la primera comida de la mañana, mientras comparten los sueños de la noche anterior entre el juego de la memoria. Antonidas mencionara alguna palabra seguida de un gesto con su ceja, Paula memoriza la palabra antes de agregar una ella con un gesto de la ceja opuesta. Un mínimo error y el juego termina.

— Ojo incorrecto Paula, dime, ¿cuales eran las palabras?

— Esta vez pensé que lo lograria — — Se queja

— ¿Ganarme? Creo que aún estás muy lejos de eso niña, muy lejos. Los taumaturgos de Antioquia pueden recitar de memoria los 30 volúmenes de Las Letanías. Quizás tengas oportunidad en unos 30 años más de práctica.

— Bueno, por lo menos esperaba poder alcanzar a la hora del almuerzo

— Pero no lo has hecho, ahora, ¿cuales eran las palabras Paula?

— Estrellas, cuervos, habitación, pared, comer, cinta, pan, caminar, botánica,plantas, soluciones, magia, Paula, bruja, despertar, hogar, soñar.

— Muy bien, perdiste el juego pero lograste recordar la totalidad de las palabras esta vez. Ya sabes lo que sigue.

Paula respira profundo. Cerró los ojos tan solo para volver a ver al cuervo del sueño y tras exhalar comenzó con la tarea final antes de iniciar la mañana.

— Estrellas que en el cielo dan hogar a los cuervos, visitan las habitaciones y las paredes bañadas de blanco, en la esquina la niña come y una cinta graba sus movimientos antes de caminar entre las hierbas para aprender de botánica, encontrar las plantas y soluciones, dar lugar a la magia. Yo Paula no teme la bruja que despierta en los hogares a la hora de soñar.

— Te estás volviendo buena en esto, te empieza a sonar más a poesía.

— Bueno, me haces practicar siempre ¿porqué?

— Poesía es más fácil de recordar, recordamos lo que nos toca el corazon y bueno la practica constante es necesaria, como ves, es la única forma de mejorar

— Pero… ¿historias inventadas? ¿para qué? ¿por qué?

— Te sorprendería lo mucho que puedes aprender de tratar de poner palabras juntas. Mucho de lo que hacemos Paula, aquí en la ciudadela, aquí en la vida es eso, poner palabras juntas. Primero las escuchamos, luego las vivimos, y en el cerebro las aprendemos a replicar y usar. No practicamos para hacer historias inventadas como dices, practicamos para mantener el cerebro despierto Paula, siempre muy despierto

Antonidas sonríe brevemente al otro lado de la mesa. Paula recordará por siempre los cabellos blancos del mago, y como siempre lo fueron. Desde el día que su padre la llevara a estudiar por primera vez bajo la tutela de Antonidas hasta el dia en que lo vio por última vez, el día en que le ofreció la mayor decepción de su vida, el dia en el que el mago estuvo seguro de la muerte de la bruja, aun cuando su destino terminará siendo un poco más oscuro.

Afuera, se reúne una vibrante primavera. El anuncio de las aves se mezcla con la sutileza de las flores, la suave e impredecible brisa que es tan característica de la Ciudadela. Los aromas que Paula adora, las flores amarillas, la tierra mojada en la que empiezan a crecer dientes de león, malezas y que se hacen nidos también para toda una suerte de criaturas del bosque.

Terminan su desayuno y Paula viste de negro. La larga túnica que visten los neófitos en la Ciudadela. Caminan ahora por el bosque un camino nuevo cada día, un nuevo ejercicio de la memoria. Paula deberá guiar el camino de regreso, mientras Antonidas pretende haberse quedado ciego luego de mirar al sol. Un juego mas.

— Creo que esta vez si nos vamos a perder — Se queja la niña mientras lucha por recordar en qué árbol deben girar.

— ¿Te olvidas asi de fácil de los arboles por lo que pasas? Cómo esperas llegar a ser una buena maga si no prestas atención a tu alrededor.

— No es tan fácil, se parecen mucho.

— Y aun así, cada árbol es diferente, cada hoja cuenta una historia nueva, no te pido que veas lo que los hace iguales, pero en las diferencias, las sutilezas. Verás como algo tan simple como saber observar nos distingue de charlatanes y mercachifles.

— Pense que era la magia

Antonidas detuvo su paso, Paula tomó unos segundos en notarlo. La suave brisa removio el cabello negro de sus ojos y observo por unos instantes al mago detenido de pie, mientras el mismo viento arremolina la tunica. Antonidas se arrodilló y levantó del suelo un objeto pequeño que Paula distinguió como una semilla o el fragmento de una. Lo sostuvo entre los dedos, luego lo guardó en su puño cerrado. Regreso su mirada a la niña, Paula, deja de crecer tan rápido Paula, piensa el viejo, que mientras estes pequeña y esas aun tengas tiempo de hacer esas preguntas, el mundo será un lugar de flores y primaveras.

— ¿Dónde está la magia Paula? — Pregunto mirándola. Paula sabe por aquella mirada que esa pregunta no tendrá una respuesta sencilla.

— En la mano del mago — se aventuró a responder

— Quizás te equivocas, quizás tienes razón — Antonidas sostuvo la semilla entre sus manos y sopló brevemente su aliento. El sutil destello de luz, que Paula ha visto ya en innumerables ocasiones magia emerger de las manos del mago, lentamente Antonidas abrió su mano, parece que sostiene un apacible enjambre de luciérnagas. La luz se difumina en el bosque para revelar la pequeña planta en la mano del mago.

— Magia

— Ciertamente. Pero qué pasaría que aceleraras el tiempo, si me vieras como uno de los films de los discometros de la biblioteca, pero acelerado.

— No… comprendo — La niña mira inquieta al mago, su mirada se desvía entre las manos de Antonidas, las semillas en el suelo y los grandes árboles del bosque. Hacer germinar una semilla, una tarea fácil para alguien como Antonidas, es toda una maravilla para ella, que hoy, en sus primeros años de vida aún lejos de las habilidades que le ganaran su nombre en el futuro. Bruja.

— Acelera el tiempo y veras que es todo pasa en un suspiro, en el gran orden del tiempo y espacio, es indistindigle si esta semilla germino por causas más naturales o si requirió el toque de un mago, acelera el tiempo y veras como la magia se funde con todo lo demás, y entonces debo preguntar otra vez? Dónde está la magia Paula?

Las preguntas de Antonidas nunca son fáciles, las primeras cinco respuestas como mínimo, son incorrectas. La niña hace una pausa, absorbe el entorno una vez más. Respira tan profundo que siente que sus pulmones no van a resistir, pero el aire fresco de ese bosque que ama la llena de vida, deseos de vivir, deseos de abrir los ojos y encontrar de nuevo la sonrisa del mago, los colores del bosque el amor por la Ciudadela y toda la magia. Piensa en aves otra vez, flores amarillas, lo ve todo en ese momento. Paula siempre lo vio todo, aquella claridad sobrenatural con la que ve sus sueños, también le otorga breves momentos de claridad, claridad que usa para escapar de las trampas del mago.

— En todas partes — responde la niña

Antondias sonríe, la respuesta es la correcta, y como maestro y mentor se siente satisfecho, aun cuando sepa que el valor de aquel conocimiento estará en las sutilezas, y que son las sutilezas lo que le tomara a Paula toda una vida de aprendizaje.

— Es hora de volver a la casa, la lección por hoy está terminada. Llévame de regreso a casa, que no puedo ver con estos viejos ojos enceguecidos por la luz.

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