Caminar hacia ti con los pies en la sombra

Andrés H.
4 min readMar 16

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Mi brazo colgando al lado de mi cuerpo, haciendo un pequeño arco. Esperando por el tuyo. Para aquel entonces me había vuelto un poco profesional en el acto, de esperar tus pequeños gestos. Tomarías mi brazo tímidamente y caminarías a mi lado mientras yo conservo mis pies en la sombra.

La ciudad casi parece demasiado pequeña cuando caminábamos juntos. Y digo casi porque aun asi hace espacio para los dos. Sin embargo, el mundo parecía reducirse y entonces en cada instante mi concentración — y quizás la tuya — tenía que reducirse a ciertas tareas pequeñas y puntuales. A sostener tus manos entre las mías con delicadeza, mientras siento aun cada uno de tus dedos deslizarse suavemente sobre mi piel, buscando por su lugar predilecto. O buscar en el reflejo de tus ojos esa señal innegable de que deseas un beso. Y yo mientras camino a tu lado, contemplo las señales y las hago mías, mientras camino lentamente bajo las luces de tenues lámparas de otoño, mientras conservo mis pies en la sombra.

Pero a diferencia de mis pies, a mis manos se les ha permitido un lugar en la luz. A mi tacto se le ha otorgado un lugar privilegiado entre tu lista de prioridades y es así como acariciarte bajo la luz se vuelve posible. Y memorizo tu nuevo gesto y tus mejillas se atreven a dejar el pálido color del invierno a ser rojas como fresas de verano. Y yo camino a tu lado, por el camino que seguimos ya varias veces, primero como desconocidos que se ven forzados a compartir espacios, luego como colegas y cómplices de la cotidianidad y luego como pequeñas criaturas perdidas y confundidas, perritos extraviados que no saben que han perdido en el jardín pero que no pueden dejar de buscar. Que no encontrarán en ellos, sino en una mirada nocturna que regresa consigo la promesa de una mañana juntos.

Mientras continúo caminando contigo, no te das cuenta que en realidad camino hacia ti. Y destino y compañía se confunden en una amalgama de gramática, esperanza y sueño. Y cada paso a tu lado en la dirección que sea, es un paso hacia ti, en el espacio que separa nuestros corazones. Y camino contigo hacia el océano, siguiendo el sonido de las olas, y marcho sin prisas buscando tu alma entre el oscuro océano de las cosas que conozco sobre ti, y cada palabra sincera es un salvavidas, un faro que me indica a donde ir. Camino hacia ti, mientras conservo mis pies en la sombra, desde la sombra, donde las miradas de curiosos no llegan, donde las palabras ajenas se hacen mudas, desde donde es más fácil creer que hay un día después.

Camino hacia ti, mientras conservo mis pies en la sombra, pero aun así me atrevo ocasionalmente a pensar en lo que sería la luz. Y dejo que lugares lejanos de los que hablas se materialicen en mis propios sueños. Una playa lejana, un lago que visitar a la hora del amanecer y sobre el cual navegar una vez dejes de tener miedo a nadar. Un restaurante en que mis pies estarán a la luz, junto los tuyos, comiendo platos que antes considerara impensables, tan impensables como dejar de caminar hacia ti.

Pensarás que lo que quiero es el día en que pueda caminar contigo, con nuestros pies juntos bajo el sol. Pero me afana menos el futuro de lo que me afana saberte bien. Saber cómo encontrarte en las mañanas, es más importante que saber donde estarás mañana. Saber que te sientes hoy menos triste que ayer. Pero tú insistes en caminar en direcciones que no puedo predecir. Caminar hacia ti se hace más difícil, incluso cuando insisto en mantener mis pies en la sombra. Rendirme es incluso más difícil.

Cae la noche en la ciudad, o amanece, o es a cualquier hora, mientras te decides a lentamente soltar mi mano ahora que nuestro tiempo se ha agotado. Y con calma me deshago de tu compañía, mientras conservo los besos en la piel, las palabras dulces en los oídos y toda tu en el corazón.

Lentamente te dejo ir, sin saber si has de volver a mi, si te aterra demasiado volver a compartir conmigo una calle y unos pasos lentos bajo la lluvia. Y yo no tengo más remedio que volver a caminar las mismas calles, mientras aun conservo mis pies y alma bajo la sombra, donde el sol y el tiempo no puedan agotarlos.

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Andrés H.

Un blog de historias cortas.