Cuando Paula sueña

Andrés H.
7 min readDec 28, 2023
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El mago, en su vigilante ejercicio. La mirada tranquila sobre la niña que duerme, que sueña con bosques y cuervos. En la mañana compartirá con él las historias de los mundos que ha visto, de las reglas que ha quebrado en ellos, de como es volar de la mano de un ave tan grande que su sombra lleva el invierno a naciones enteras

Antonidas sostiene un viejo libro en sus arrugadas manos, lo lee con calma bajo la tenue luz de la única y pequeña vela en la habitación. Sus ojos, tan acostumbrados a la oscuridad y las lecturas nocturnas, se desvían ocasionalmente para volver a observar a Paula, mientras ocasionalmente suspira, incapaz de negar el agotamiento de las largas noches de vigilia.

Comenzó hace unos meses, luego de una intranquila noche de sueños. El mago fue convocado temprano por los tímidos sollozos de Paula. Allí, bajo la sombra de una pequeña cobija verde, la encontró, limpiando tímidas lágrimas de sus mejillas, queriendo ocultar del mago su pequeña pena.

— ¿Paula? ¿Qué te ha pasado? ¿Te golpeaste con algo, porque el llanto?

Pasarán muchos años antes de que Antonidas termine de ajustar sus formas y métodos para dirigirse a ella. Los días de incertidumbre de la infancia, en la que el viejo mago se vio arrojado en ese rol de padre, darán lugar a dificultosos días de juventud, en los que tendrá que aprender no solo a cuidar de una tempestuosa adolescente, sino que además deberá nutrir la magia que crece en el infatigable corazón de la bruja

— Creo que tuve un mal sueño.

Solloza con calma, apenada de ver al su maestro de esa forma. Los meses que lleva bajo su cuidado, son un pequeño espacio que ha de ser llenado, esa distancia, ese pequeño abismo entre dos seres dispares, pero que en el fondo, comparten tanto, será poco a poco llenado, y con los años Paula verá en Antonidas más que un mentor y padre, verá en el mismo faro de la existencia. Pero hoy, hoy, es solo una niña, que vio cosas extrañas en sueños.

— No hay porque temer Paula, estás despierta ahora, a todos nos pasa en ciertas ocasiones, malos sueños

— ¿A ti?

— Incluso a los viejos magos, ¿Crees que quieras contarme como fue el sueño? En ocasiones ayuda hablar de lo que nos asusta.

— uhmm está bien. Había un monstruo, me perseguía. Quería hacerme daño.

—No hay motivo para temer. Esos sueños no pueden lastimarte, no importa cuan horrible sean los monstruos que veas. Todo se evapora con la luz de la mañana.

— ¿Evapora?

— Ah es cuando un líquido pasa de estado líquido a gas, si dejas una olla con agua por tiempo suficiente en el fuego, toda el agua desaparecerá, se convertirá en vapor.

Paula asintió. El mago dio un suspiro y luego de despeinarle el cabello ligeramente y observar como esa acción dibujo una sonrisa en el rostro de la pequeña, dejó la habitación, convencido de que aquello sería el fin de la conversación. Esos monstruos no pueden herirte Paula, que aun cuando camines entre sueños, debes volver aquí, y francamente no hay mucha criatura real o imaginaria saldría bien librada de tratar de lastimar a la aprendiz del mago.

Aquel día prosiguió con la naturalidad usual. Luego del desayuno las lecciones: botánica, matemáticas, astronomía y música. Paula devora los libros con paciencia, Paula comete errores en cálculos y cuentas, Paula pierde el rastro del tempo y sus pequeños dedos suelen tocar las teclas incorrectas. Todo aquello no importa, su paciente maestro le corrige cuando hace falta, mientras se pregunta si él tiene lo que hace falta para dar cuidado a la bruja. Sus miedos tan solo se hicieron más fuertes, cuando la casualidad lo llevo a la figura de cristal.

Antonidas y Paula residen en una casa en el bosque. Tres pisos, largos pasillos y posibilidad de alojar unos 30 huéspedes. Antonidas explico en algún momento que la casa fue un hotel para viajeros y aventureros, que atraídos por las historias sobrenaturales del lugar llegaban desde diferentes rincones del país. La posada era propiedad de los magos por supuesto y nadie se marchó de ahí con pruebas de ningún tipo de magia o actividad extraña, tan solo la memoria de algunas semanas en un bosque magnifico, que no necesita de hechiceros para conjurar cierto encanto en sus visitantes. Esos tiempos han quedado atrás, la soledad es la única residente permanente del hotel, salvo por Antonidas y Paula, ocupando no más de dos habitaciones a la vez en los largos días del verano, antes de que sea hora de regresar a clases.

Nada fue igual en el viejo hotel luego del primer sueño. Antonidas leía bajo la luz del comedor principal en el primer piso, en días anteriores aquel salón estaría lleno de visitantes y viajeros de paso, la posada y sus puertas abiertas siempre listas para recibir nuevas historias. Las mesas y sillas permanecen en su lugar, cubiertas bajo sabanas blancas que el mago cambia con cierta regularidad, uno de esos ejercicios humanos para tratar de mantener el paso del tiempo a raya. La luz del sol de la tarde se reflejaba en la abandonada vitrina, el inusual reflejo llamo la atención del mago. Aquel reflejo está fuera de lugar.

La pequeña figura de cristal al interior de la vitrina. El Mago titubeo por unos instantes antes de decidir alcanzarla con sus manos. Una extraña criatura de cristal, cuerpo humano pero facciones bestiales, largos cuernos y una sonrisa horrorosa. El detalle de aquella figura le hubiera tomado años de lograr al mejor maestro cristalero. Suspiro. Tomo la pequeña figura en su mano derecha y se dirigió al tercer piso, un pequeño cuarto donde guardar los trastes, será el nuevo hogar del demonio de cristal. Paula practica el piano, en algunos momentos las notas musicales se detienen y Antonidas puede percibir que son reemplazadas por melódicos zumbidos, la práctica muda de la melodía del día. El demonio de cristal reposa ahora en su nuevo hogar, pero el mago debe aprender más.

— ¿Paula? ¿Puedo hablarte un momento? — Hace su mejor esfuerzo por ocultar cualquier atisbo de preocupación o duda

— ¿Está todo bien An? ¿Algún problema con los ejercicios de la mañana?

— No, no, no hay ningún problema. Tan solo quería hacerte un par de preguntas sobre tu sueño, si no te molesta

— Oh eso… uhmm está bien… puedo hablar…

— No creo que haga falta recontar demasiado, tan solo quiero saber un poco más de la criatura que viste, ¿crees recordar como luce?

— Si… eso creo… uhmm tenía cuernos grandes, como de una cabra grande. Y pies enormes, dientes grandes y una sonrisa muy fea.

— ¿Te hablo esta criatura? ¿De alguna forma o sentido?

— No lo creo, en el sueño… yo corría por un jardín, había flores de muchos colores, pero el monstruo me seguía, las flores se iban muriendo y cada vez que miraba atrás. Tan solo quería correr… y alcanzar la torre

— ¿Torre?

— Si… al final del camino, podía ver una torre muy alta, pensaba que ahí estaría bien. Pero me desperté antes de llegar, y … Llegaste — A Paula le cuesta reconocer que despertó entre llanto y sollozos.

— Está bien, puedes olvidarlo, ahora es todo lo que quería saber.

— ¿Es todo? ¿Puedo preguntar porque querias saber?

— Solo curiosidad

— Es que lei un libro, una historia de antigua babilonia, creo, donde los sueños de un rey profetizaban el destino del reino.

— Uh mm ¿Debo imaginar ahora que eres una reina? ¿Descendiente del mismísimo Melquiades y nunca me lo habías dicho!?

Paula se sonrojó, apenada bajo la mirada. Antonidas le arremolino el cabello una vez más, y le dedico una sonrisa.

— Los sueños son poderosos, pueden decirnos muchas cosas sobre nosotros mismos. Pero lo mismo es cierto de la forma como vestimos, como caminamos, como hablamos o escribimos, cada paso en este mundo Paula, es nuestra forma sutil de dejar una huella… — Los ojos abiertos y atentos, escuchando como el mago convierte su miedo en una nueva lección…. — Pero el futuro no pertenece a los sueños, quizás pertenece a la imaginación, pero de otras formas, por lo menos hasta donde este viejo mago sabe. Sonríe.

Paula asintió, y giro rápidamente con la intención de regresar sobre su piano. Los pequeños pasos hacen eco en la habitación de la música, pero antes de que sonara la primera tecla, Antonidas rompió el silencio.

— Paula, una última cosa, espero siempre tengas la confianza de compartir tus sueños, es siempre un placer saber lo que ocurre en esa cabeza piojosa.

El escéptico gesto de Paula, el ceño fruncido y los ojos entrecerrados mirando al Mago, un pequeño bufido. Luego la sonrisa y un gesto rápido de aprobación. En breves momentos las teclas del piano son golpeadas con dulzura, la música llena de nuevo la casa.

En los días que siguientes Antonidas guardaría cuidadosa vigilia de los sueños de Paula, tratando de observar alguna señal o explicacion posible. Sin mucha suerte, ninguna señal física manifiesta las pesadillas de Paula. Y luego, cada mañana, la búsqueda de la figura de cristal. No todas las noches aparece una nueva y hasta el momento el mago ha sido incapaz de ver una aparecer con sus propios ojos, pero la colección, lentamente, empezó a crecer.

Al cabo de un tiempo las figuras de cristal comenzaron a tomar formas diversas, desde rosas, caballos, cuervos, otras criaturas demoniacas y hostiles, vehículos motorizados, dagas incrustadas en piedras, anillos con escrituras indescifrables, pequeñas catedrales, gemas preciosas y coronas de reyes. Toda una colección de cristalería, mientras Antonidas aún guarda más preguntas que respuestas.

Paula duerme, mientras el mago le observa y se pregunta, qué mundos tiemblan cuando la bruja sueña.

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