La lenta cancelación del futuro

Andrés H.
4 min readSep 11, 2023
Mark Fisher ( 1968–2017)

Reflexiones acerca de Mark Fisher y el futuro que nos fue robado.

Una de las observaciones relevantes de Mark Fisher en Realismo Capitalista es el concepto de la lenta cancelación del futuro. Mark Fisher observa con precisión una de las principales consecuencias del triunfo generalizado del neoliberalismo y la derrota de todas formas alternativas de pensamiento. El futuro ha sido cancelado.

Para Mark Fisher, más que un síntoma de la forma de vida moderna, la cancelación del futuro es una consecuencia directa, un resultado perfectamente deseado del sistema. Una vez más no se trata de una falla en el sistema o algo que pueda ser arreglado por medio de politicas o regulaciones, es el sistema funcionando exactamente como se espera.

Pero, ¿qué es esta cancelación del futuro?

Me gusta pensarlo en ocasiones de la siguiente forma; nos fueron prometidos autos voladores y obtuvimos Donald Trump. El futuro auguraba Star Trek y utopías de varias formas, en su lugar conseguimos Facebook, Uber, Rappi, y la precarización del trabajo, nuevas y más crueles formas de alienación.

La lenta cancelación del futuro, la posibilidad de soñar ha sido aplastada. Los sueños de las generaciones modernas están mediados por una cultura de remakes y repeticiones. Experimentar cultura en el siglo XXI es tener la cultura del siglo XX repetida a nosotros en pantallas de alta definición.

Colapso ecológico que cada vez parece más inevitable, crisis económicas que nunca parece acabar, los sueños de múltiples generaciones aplastados bajo el peso de la necesidad de satisfacer shareholders. Factores que se suman uno a uno a la cancelación del futuro.

El único futuro que se nos permite soñar es uno mediado por capital. Uno donde comprar más, donde vender más, donde cada problema tiene una solución que se puede comprar junto con tu suscripción mensual de Netflix.

La limitada noción de libertad que ofrece el neoliberalismo y las mentiras del libre mercado parecen cada vez más próximas a colapsar bajo su propio peso, el final parece inminente. Y aun así parece nunca llegar. El capitalismo actúa entonces como un parásito imposible de escapar, permeando cada forma de cultura, convirtiendo en zombies todo lo que toca, cada interacción sólo tiene sentido si es una transacción y todo tiene un valor que puede ser comprado y vendido.

Este no es el futuro que se visionaba en el pasado. El optimismo de la posguerra quedó completamente enterrado bajo la sombra de Reagan, Tatcher y el neoliberalismo subsecuente. La lenta privatización y destrucción de espacios públicos no solamente sirve de forma inmediata al Capital — en forma de nuevos mercados que conquistar — sino que termina también por aislar individuos, destruir cualquier sentido de colectividad. Los únicos espacios públicos que solemos compartir con otras personas suelen ser miserables; transporte público imposible de navegar, clínicas y hospitales con problemas presupuestales y personal sobretrabajado, escuelas públicas plagadas de los otros problemas que desde la sociedad se filtran al interior del sistema educativo. Byung-Chul Han observa en Sociopolitics como los sistemas de control modernos nos entrenan para deshumanizar a los otros, cada persona es un potencial competidor en el sistema y queramos verlo o no, en un sistema de escasez — real o artificial — todos competimos por recursos limitados. La vida moderna resulta profundamente precaria incluso cuando todas las necesidades básicas parecen satisfechas. Marx argumentaba en favor del trabajo, de el trabajo como una de las cosas más importantes que puede hacer una persona, de lo mucho que puede enriquecer y dar sentido a la vida. Sin embargo todo esto cambia en las formas modernas de producción, en el mundo industrial post-Ford, el producto de nuestro trabajo no nos pertenece, y debemos ofrecernos al mercado para sobrevivir. Negarse a participar en el sistema es morir de hambre. Eres libre de comprar 30 sabores diferentes de helado, nunca de preguntarse cómo o porqué se hace helado.

El futuro es oscuro. Y en la mayoría de las veces es muy difícil encontrar razones válidas para continuar participando en tal sistema. Un montón de diferentes elementos juegan a favor de tal sentimiento de derrota. Y lo cierto es que no se puede poner las esperanzas en la llegada de algún tipo de revolución mágica — Lo que sea que eso signifique en el siglo XXI — sin embargo, tenemos que, es nuestro deber pensar que las cosas pueden ser diferentes, que hay una vida que se puede mediar fuera del capital, que ver el atardecer todavía es gratis.

Las ideas de Mark Fisher son profundamente poderosas, pero creo que debo puntualizar en que también son peligrosas. Es posible obtener una lectura cien por ciento doomerista en sus palabras, la inevitabilidad del capital y sus formas mas parasíticas y dañinas, casi parece demasiado, y señalarlo parece otro ejercicio insuficiente e inutil, un llamado a aceptar la derrota. Sin embargo considero que es un trabajo incompleto, lamentablemente Mark Fisher partió de este mundo de forma prematura y trágica. Me gusta pensar que de haber tenido más tiempo en esta tierra podría haber llevado sus ideas al siguiente paso.

La filosofía o teoría crítica no pretende ser un recetario de soluciones o políticas, esas conversaciones pertenecen a otro lugar. Sin embargo, cualquier reconciliación con las formas de vida moderna requiere ese examen crítico. Supongo que la pregunta filosófica más importante de la modernidad es ¿Por qué me siento como la mierda?

Y la respuesta puede empezar a encontrarse afuera. Las dinámicas de un sistema en que nos vemos obligados a participar, la estupidez, inacción y complacencia de líderes mundiales de cara a amenazas existenciales. El futuro robado, reempacado y vendido en forma del siguiente producto de Disney.

Interrogar a la cultura, considero es un ejercicio valioso en la búsqueda de un poco más de entendimiento. Mark Fisher es un gran guía en esa tarea, sus ideas resuenan con fuerza cuando nos atrevemos a romper la burbuja y observar afuera. Las respuestas nunca son fáciles de encontrar, y en ocasiones hay que comenzar por hacer las preguntas correctas.

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