De Viejos Inviernos

Andrés H.
4 min readNov 28, 2023
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Me arrullaba la suave paciencia de las noches.

Extrañarte era por entonces en mi deporte favorito. Y lo practicaba con profesionalismo estético y los perfectos puntajes que solo la práctica extrema puede conseguir. El compromiso, a la causa perdida de conservarte en la memoria, mientras el tiempo hace de las suyas y las noches dan lugar a más noches, aunque a estas noches no me quede más que acompañarlas con suspiros antes de tratar de dormir. Lágrimas en la almohada, la forma de viejas pisadas en la alfombra, un comedor con sillas para dos, mientras en la mesa, un solo plato vacío me mira desafiante. Un frutero y frutas que se niegan a descomponerse, las ventanas que observan a la nada, los periódicos de días sin recoger del suelo, las hojas secas que de mis zapatos terminan por descuido a parar el entorno sagrado de la casa. Cuantas cuentas puedo hacer, y contar los elementos que alguna vez irremediablemente te pertenecieron, cuantas moléculas de este aire aún son tuyas, mientras yo, en mis intentos de encontrar nuevas formas y métodos, termino reemplazándolas por exhalaciones vacías, por bocanas de aire de sabor a whiskey y cerveza.

En esos días, ya nuestras conversaciones perecían al reino de los ríos secos. Habías decidido que lo mejor era prescindir del absurdo, de la conversación que no tiene cabeza o cola y que no lleva a nada, que mi presencia te resultaba por una o dos razones intolerable y que lo mejor era el espacio. Aun cuando para mí, el absurdo lo sea todo, porque fuera de él, solo existo y cada segundo, esperando al siguiente, se vuelve una cadena con la que el universo amenaza asfixiarme. Muy rápido me di cuenta de lo intoxicante que es no tener con quién rebotar esas ideas que se arremolinan sobre tasas de café, que se evaporan lentamente sobre almuerzos de cafetería o que esperan al final del último trago en una copa. Ahora, al final de cada trago, creo ver los residuos de un veneno, de alguna toxina que terminara por dar fin a mi vida.

Los días me encuentras caminando por viejos lugares, soñando que me esperas al final del puente, que las explicaciones van a sobrar cuando recuerdes el frío tacto de mis tímidos dedos en tu piel. Y voy a pasar las yemas suavemente por tus pómulos, donde recogeré las lágrimas que llevas guardando por tantos años, removeré los copos de nieve de tu cabello en una caricia que nos dure por…

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