El retorno de Tiamant

Andrés H.
4 min readNov 11, 2023
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Aquellas puertas de piedra, guardaron durante 20 años la promesa de no abrirse, salvo cuando el príncipe retornara a la ciudad y ante su comando, las mismas se abrieran para dejar entrar la paz y prosperidad que él traería consigo. El tiempo ha sido suficiente para que las historias se conviertan en mitos y ficciones, en rumores de taberna y discusiones en las altas cortes de la ciudad. Una carta, entregada por un cuervo negro en los pabellones de mensajería en lo alto de la cúpula escarlata, fue suficiente para dar fin a la espera.

Finalmente es hora, del retorno de Tiamant.

Las calles de Agra lucen tan ocupadas como de costumbre, con la diferencia que en esta ocasión, aquel afán tiene un nombre. Todos preparan la bienvenida.

La noticia de que pronto, un día o dos, Tiamant regresaría a casa tomo por sorpresa la ciudad. Ahora, cada ama de casa se prepara para lucir las mejores ropas, los niños evitan ensuciarse en charcos de barro y el polvo que es tan común en las calles, es removido con eficiencia por un ejército de hombres del Rey y voluntarios, que jamás se perdonarían si el príncipe tuviera que caminar su primer día de retorno en calles malogradas.

De las casas cuelgan las banderas. El azul celeste, la corona de laureles negra atravesada por la lanza, los emblemas reales que todos portan orgullosos del día de hoy.

Los susurros que el viento se atreve a cargar, cuentan las historias que impacientemente se comparten en las calles. Tiamant… Dioses… ¿Cuántos años desde la partida? Solo los más viejos pueden dar cuenta de esos días, y sus historias nunca son las mismas.

Tiamant partió en medio de la noche, como parte de una misión secreta encomendada a él por un dios en forma de cuervo y un mal sueño. Tiamant, declaro la guerra al mundo, luego de desenterrar de las profundidades del castillo la última espada de Abraham y no volvería hasta ver de rodillas el Último Visir de occidente. Tiamant huyo, expulsado por el rey Melquíades, su padre, desheredado y maldito, aunque Melquíades luego lo perdonara y pidiera a los dioses cada día por su pacífico retorno. Todas las historias tienen un final elemento común e imposible de escapar, Justine que espera por él en una de las ventanas de la cúpula escarlata.

La cúpula escarlata domina la vista en la ciudad de Agra. Es probable que si naciste allí, lo primero que hizo el médico al recibirte o tu madre al recobrar la paz, fue mirar por la ventana, en dirección de la cúpula y pedir en silencio por la bendición del rey. Desde la más alta de las colinas, su sombra, que lentamente se mueve sobre la ciudad conforme el sol da paso a las horas, es el recordatorio de la promesa de Tiamant.

Se dice, que la noche antes de partir, Tiamant prometió a Justine una boda bajo los rayos de luz al interior de la cúpula. Los dos jóvenes, quizás apenas lo suficiente como para tomar votos matrimoniales, los dos, abrazando los últimos vestigios de la juventud que promete una larga vida, los dos, seguros de que no hace falta una vida más, un segundo más, para tener la certeza de que se aman. Bajo el manto estrellado de una noche perdida entre calendarios antiguos como polvo, Tiamant cabalgo; una espada dorada atada a la cintura, una reliquia fantasmal colgada al cuello y sobre la piel todo el recuerdo de los besos que recibiera de partir.

Es veinte años después. Las piedras recuerdan. Las estrellas inamovibles han estado a la espera. En la ventana más alta de la cúpula escarlata, mientras todas las demás velas duermen, se enciende una última luz. Pero no es fuego, no es una llama alimentada por combustibles alquímicos o grasa de algún animal desprevenido. Es un corazón que se enciende expectante, mañana será el día en que un recuerdo se convierta en imágenes, cuando las promesas cobren todo el sentido y suspiros tengan un lugar en que refugiarse. Justine De Las Ultimas Estrellas, el nombre que tomó cuando Tiamant le preguntara como llamarla cuando todas las luces se apagaran y la luna les sorprendiera acunados en su lecho nupcial. Cierra los ojos. Tiamant Ojos Para Verte, el nombre que él se diera para ella, aun cuando toda la oscuridad les arropara, y la única forma de encontrarla entre tinieblas fuera con su preciso tacto.

Un día menos, en la larga cuenta de esperarle. Un día más antes de encontrarle. Justine cae en ese difícil sueño, ese que ha mantenido por veinte años, se repite las palabras que le han mantenido atada a tierra por tanto tiempo: Mañana regresa Tiamant.

Continuara

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