Nadie quiere estar aquí

Andrés H.
3 min readSep 23, 2023

Un ensayo sobre tiempo, existencia y otras cuestiones que no dejan dormir.

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Nadie quiere estar aquí. En estos días me cuesta sacudirme esa idea. Cada persona que veo en los espacios transitorios de la vida — Oficinas, estaciones de metro, supermercados, en los imaginarios aeropuertos que visitaria si tuviera menos miedo — Cada persona evoca en mí esa idea. Nadie quiere estar aquí.

A veces, me pregunto si son sencillamente mis propias maquinaciones y conceptos reflejados en los demás. Si cada persona es como una parte de un espejo roto, reflejando algunas partes de mi, arrojando algo de luz a esas partes muy oscuras que observar. Roto.

Creo que es fácil concluir que esos sentimientos son comunes, después de todo mi experiencia nada tiene de particular. Solo una persona más que recorre los espacios temporales, que va de pasada, siempre en movimiento, una pisada da lugar a la siguiente, porque nadie quiere estar aquí.

Me detengo a hablar con personas, amigos, conocidos, colegas; las conversaciones fluyen de forma natural a los planes del futuro, viajar allí, visitar un antiguo hogar, perderse en exóticas vacaciones, o en la familiaridad de un plato de comida cocinado por una atenta madre. Todas esas ideas, sueños y planes, todo se desvía a lugares y tiempos distantes. Me asalta una vez más la idea de que nadie quiere estar aquí realmente, el aquí, el ahora, el tiempo presente. Que se va flotando en cada instante pero que a su vez nunca deja de ser.

Cuándo fue la última vez que me pude quedar perfectamente quieto por un instante. No solo mi cuerpo si no en mente y pensamiento. Soy tan culpable como cualquiera, nadie quiere estar aquí. Yo tampoco. No quiero estar escribiendo este ensayo, quiero quizás haberlo terminado, no quiero estar escribiendo esta palabra, quiero saltarme el sufrimiento que es cada letra y pasar a la siguiente. Aun cuando ahora sé que allí tampoco encontraré paz o calma. Sólo hay movimiento, solo hay un paso siguiente. El presente es agotador, tan agotador que no nos queda más remedio que soñar con el futuro, mientras el pasado nos acosa con sus errores, con las ansiedades de los días que no fueron, de lo que no cambiamos, de lo que sí fue. El presente es intolerable. Suspiro para dar paso al siguiente instante, y cuando me encuentre allí estaré tan perdido que de nuevo, no tendré más consuelo que la certeza del instante siguiente.

Hombres de fe sueñan con el paraíso, encuentran la tierra intolerable. Los millonarios construyen cohetes a Marte. Alguien toma un tren. Alguien abre la puerta de su casa para ver a sus hijos, cada instante es indeseado, cada instante es tan solo el obligatorio prerrequisito del futuro, de la idea de que el instante que le sigue será mejor. La transitoria naturaleza de la vida parece insuficiente, todos víctimas del tiempo presente.

¿Hay un tiempo de calma? ¿Hay un sentido en la marcha inagotable de los momentos?

Los hedonistas creen poder contestar con confianza, igual que los cínicos o religiosos. La certeza es el placer o Dios, o el absurdo mismo. Pero ninguna de esas conclusiones puede librarlos de lo que es la rueda de hamster del presente; el religioso siempre tendrá una plegaria más que elevar, y el hedonista perseguirá el siguiente estado de éxtasis. Escapar del presente, parece ser el único motivo de la existencia.

¿Cuando pude guardar silencio? Cuando cerrar los ojos y no ver nada, no desear nada, tener la certeza de que quiero estar aquí ¿Cuando temí al futuro? Tengo la certeza de que esos momentos existieron, que existen, que su existencia es lo que garantiza la miseria del presente. Cada paso adelante es un paso más lejos de aquellos momentos en los que pude ser, estar, saboreando la completez de mi ser, la certeza de ser, sin el miedo de estar. No necesito ser convencido, no necesito respuestas, solo quiero ser, por un momento, un breve momento, que el momento trascienda mi ser, y que todo lo que necesito, es quizás una breve caricia en el rostro.

Nadie quiere estar aquí. Y sin embargo, todos estamos aquí sin más remedio que encontrar en el presente, fe infatigable en el futuro.

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