Nostalgia de la mañana siguiente

Andrés H.
2 min readDec 3, 2023
Imagen original: https://unsplash.com/photos/man-standing-in-front-of-the-window-Pv5WeEyxMWU

Tal vez, lo que nos hace humanos, es la posibilidad de entristecer.

La tristeza requiere memoria. La memoria no es solo eso que nos asalta en la soledad de la noche, recuerdos inmateriales en la mente. La memoria es fotos, cartas, mensajes. Es botellas vacías la mañana siguiente, es ver el atardecer, memoria es todo. Todo lo que tenemos, el presente no existe, este momento ya se ha ido. El futuro espera por volverse memoria.

El esfuerzo de preservar, el deseo de volver al pasado, que como añejado vino parece ponerse mejor con el tiempo. Es imposible vivir sin nostalgia, sin contar historias del pasado. Cada encuentro con amigos, cada instante buscando su lugar en la eternidad, todo lo que hacemos es recordar. Recordar sentimientos para poder escribir este texto. Recordar mi nombre, recordar rostros qué vi bajo tenues luces y caminos nevados. La lucha inacabable por recordar, de mano al deseo de ser recordado.

Las heridas en el corazón, son heridas de la memoria, de nuestra capacidad para cambiar, para ser cambiados de formas insospechadas. Heridas que el tiempo no puede remover, el tiempo es solo una constante ineludible, sugerir que el tiempo curará algo, es como pretender que el aire es mágico. El tiempo te dejará vivir y habitar sus hilos y darle nombres a los días en calendarios y agendas, pero no podrá, convertir la tristeza en algo distinto. Esa tarea le corresponde a otros entes secretos.

La mejor memoria es entonces un ejercicio solitario. Podré contar la historia y dar los detalles, pero mi memoria es mía, y los sentimientos, heridas y evocaciones, imposibles de transferir. Ese es el tamaño de nuestra soledad. El aislamiento mandatorio que demanda la condición humana, la profunda soledad en la certeza de que no importa que tanto lo intente, será imposible para otros realmente ponerse en el lugar que ocupo, sentir como yo, ser yo.

Es tan fácil sentirse desconectado. Otra paradoja de la modernidad. La promesa de conexión real, con un smartphone con la siguiente red social, nuestro profundo e irremediable deseo de ser vistos, reconocidos, recordados. Todo eso, oscurecido en el inmenso espacio vacío del Internet.

En estos días, cuando todo lo que me queda es la memoria, que unos días me anima, que otros me lleva a sitios tan oscuros que solo una antorcha amiga puede iluminar, en estos días de fríos inviernos, de larguísimas noches, de promesas de fin fe año, de sorpresas en formas etereas. En estos días me aferrare a ciertas memoria, soñare contigo, creo que gane el derecho a soñar, que un día te quedaste conmigo.

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