Una carta para más Ada

Andrés H.
4 min readSep 1

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Ada, los años se me pasaron casi sin pensarlo. Así suele ser — por lo menos así se siente en esta Tierra — hasta que nos detenemos a pensar mucho en el tiempo. Y un lecho de muerte así lo permite.

Ada, no dejo de preocuparme por que estés bien. Y en cualquier caso el silencio es todo lo que tengo de respuesta. Los hombres del espacio me han asegurado ya varias veces que no hay forma más segura de viajar que en el cohete que te lleva lejos, lejos de todos los conductores borrachos y la infalible inercia. Tu viaje cósmico es ininterrumpido, silencioso y por lo que yo sé, eterno. Mientras el mio se va acercando a su final, ahora me siento a componer cartas una vez más, esta vez desde la cercanía a la muerte. Quizás no te sorprenda demasiado saber acerca de mi prematura muerte, esos viejos hábitos que me solías criticar fueron imposibles de dejar, y creo que algunos se hicieron incluso peor. La bebida no la deje como tantas veces sugeriste, el cigarrillo ocasional de la mano de un amigo nunca fue negado. Pero supongo que mi hábito más atroz, ese que creo me debilita más el corazón, es esa nostalgia incontrolable, esa de la que me dejo llevar si fijo la mirada en la nada por mucho tiempo, en un árbol o una hoja que cae, o si los colores del final de un dia tienen los tonos que busca la memoria.

Creo que no te dije Ada, pero creo que volví a querer. Supongo que era inevitable también, la soledad empieza a pesar mucho luego de cierto tiempo y por fortuna alguna parte de mi corazón quedó tras tu partida, en suficiente forma como para recibir a alguien más. Y no es que no la ame, son muchos años, una vida en la tierra es suficiente. Pero bueno, supongo que esta carta es prueba suficiente que no dejo de verte en ocasiones.

Ya pase las veces de confundir tu nombre — que embarazosos acontecimientos que solo el amor mutuo y la frase “No hay de qué alarmarse, Ada vive en las estrellas” , es capaz de solventar — Pero te sigo viendo en otros lugares. A veces en la sonrisa de un desconocido, a veces en una nube, en el recuerdo de algodón, en los viajes a ciudades viejas como fósiles y las entradas a museos que nunca viste. Te veo en sitios que me hubiera gustado que vieras, veras como se nos quedaron tantas cosas — una vida — por hacer cuando te marchaste a las estrellas. Te veo en sitios que hubieras odiado también, y recuerdo tu ceño fruncido ante mis continuos desaciertos, ante la comida que causa alergias, ante la caricia que demora más de la cuenta en llegar.

No es fácil componer cartas desde esta postura. Desde la certeza del propio final. Cuando estas notas te alcen, o cuando las leas, será muy posible que yo tambien está marchando a las estrellas — aunque quizás en una dirección opuesta a la tuya — pero no me puedo resistir a ese ejercicio inutil de arrojar palabras al vacio, de arrojar palabras, aun sabiendo lo imposible de un hecho. Esta bien Ada, ahora esta bien, ahora me he hecho parte también del silencio, ahora quizás puedo entender tus respuestas en el, porque te conozco bien, por eso podría dibujar tus posibles réplicas a mis cartas, quizás todo se resume en “lo entiendo, pero igual debo viajar a las estrellas”

Supongo que no quería respuestas tampoco. Tan solo la certeza de que no hay arrepentimiento en las estrellas, que las estrellas también guardan memoria. Ada… muchas veces quise gritar, quise gritar luego de mucho llorar. Gritar que cometiste un error, gritar que la promesa de las estrellas no es diferente a la promesa que yo podría hacer, las dos igual de simples, las dos igual de vacías. Pero en una te quedas conmigo. Te prometo no olvidar la salsa de soja y el orden de los cubiertos en el lavaplatos, te prometo el agua a la temperatura correcta, te prometo hacer una vida de los pequeños momentos, hacerlos memoria y no dejarlos ir porque tu y yo ahora somos solos instantes del pasado.

Ada, cuando te marchaste pensé que la vida se me agotaba. El presente se sentía inacabable cuando no lo era. Cuando el tiempo dio el paso al futuro, el dolor dio paso a otros sentimientos, volví a querer, a recibir atardeceres en compañía, a sacudirme la pereza de la mañana en el amor. Volvía a pensar mil y una cosas, y creo que la mayoría ya no importan — si es que alguna vez lo hicieron — creo que lo único que quiero decir, que realmente quiero decir, lo que me pesa tanto decir que me duele admitir a extraños y conocidos, es que te extraño. No tienes idea de cuanto te extraño. Suelen decir las viejas que los fantasmas son espíritus con asuntos pendientes en la tierra, y hace un tiempo me hice a la idea de que seas para siempre mi fantasma.

Ada, tan solo espero que algun dia perdones la demora de mis cartas, que las señales viajan lento las largas distancias del espacio, mientras que aqui, aqui rapido se me agota la vida, aquí rápidamente arrastrare tu memoria conmigo a un mausoleo familiar, donde mi nombre estará grabado en una solitaria lápida, mientras el tuyo vive en las cartas que yo envío inagotablemente al espacio.

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Andrés H.

Un blog de historias cortas.